Us deixe la carta que em va enviar Maria Carmen Cañete López, la neta d'Emilio López Porras, que va caure ferit en el front i va ser ingressat a l'Hospital Militar de Llíria. Allí va morir el 13 d'agost de 1938, a conseqüència de les ferides rebudes, i va ser soterrat al cementeri de Llíria. Tenia 30 anys i era natural de Luque (Còrdova).
La seua família portava anys tractant de localitzar on estava i, arran de l'article que vaig fer sobre els morts a l'Hospital Militar de Llíria, el van localitzar i em van enviar esta carta.
Fets com este posen en valor tota la tasca d'investigació i treball. Cal continuar per a dignificar-los, donar visibilitat i fer el reconeixement que es mereixen, tant ells com els seus familiars.
Us deixe la carta:
“Hola Miquel, buenas tardes. Soy la nieta de Emilio López Porras. Tu nombre no se me olvidará en la vida. Llevamos toda la vida buscando a mi abuelo. Siempre recuerdo a mi abuela pensar dónde podía estar su marido. Sé por ella que le escribió una carta diciéndole: “Emilio, va a nacer nuestro hijo y no sé qué nombre le vamos a poner”, y ella recibió una carta de Llíria donde él le contestaba: “Carmen, ponle el nombre que quieras, que mis ojos no lo van a ver”. Esa es la última carta que recibió, y toda su vida, tanto ella como después sus hijos y sus nietos, hemos sufrido al no saber dónde estaría.
Es una historia muy dura, toda su vida sacando a sus hijos adelante y la única carta que tenía, la entregó a un funcionario del Ayuntamiento en la que estuvo trabajando en su casa en las tareas de limpieza pensando que él le podría ayudar a encontrar a su marido. Lo único que encontró es que le quitara la carta, y cuando se la pidió, él le dijo que esa carta ya no existía y se olvidara de ella. Así, estuvieron sus hijos en orfanatos, mientras ella trabajaba en cortijos y recogiendo algodón, siempre pensando dónde estaría su marido, en una cuneta.
Mi madre y mi tío siempre con la nostalgia de no saber nada de su padre, ni una foto, nada. Así pasaron su vida y, después, cuando yo me casé, fui al pueblo y me regaló el único recuerdo que él hizo en su vida: un mantón de Manila, que tengo en recuerdo de ella enmarcado en mi salón. Ya mayor, me habló de no saber dónde podía estar mi abuelo, ya tan mayor, y me emocionaba cómo hablaba de él, una mujer luchadora que no volvió a casarse y cuyo único anhelo era saber dónde estaba Emilio.Y esto pasó de mí a mi hija Beatriz, que es la que entiende de redes sociales y estuvo investigando. Así que cuando me dijo ayer que tú (...) habías puesto nombre a las personas fallecidas en el Hospital Militar de Llíria; no me lo podía creer(...).
Solo sé que gracias a ti, muchas personas que llevamos mucho tiempo sufriendo encontramos consuelo en tu gestión. Hoy hablé con mis primos de Luque y, por desgracia, mi tío murió. El viernes voy a ver a mi madre para entregarle el acta de defunción de su padre. Gracias (...) por todo lo que has hecho con nuestra familia, con mucho sufrimiento, es por la generación de mi abuela, mi tío y mi madre, sus nietos y nietas y, después, sus biznietos, así que muchas generaciones sufriendo. Muchas gracias y perdona que te haya mandado todo esto, pero es que has sido nuestro Ángel. Nos ha dado, dentro de la desgracia, una inyección de vida”


















